Recientemente el diario El Nuevo Día ha publicado una noticia sobre la violencia doméstica, el amor y el sexo, entre parejas femeninas.
Amor y sexo a menudo hacen creer que todo vale en una pareja. Pero el respeto es la base del amor y el sexo.
En los últimos leyes las leyes se han endurecido para que estos dos conceptos, amor y sexo, no supongan licencias para la agresión física o psicológica. En la noticia podemos leer cómo las mismas autoridades pueden llegar a hacer burla de las agresiones que una mujer sufre a manos de otra, su pareja.
El amor y el sexo sirven para fortalecer vínculos para las personas pero no quiere decir que la vida de nadie depende de ningún otro. Nadie tiene por qué vejar a otra, sea en parejas heterosexuales u homosexuales. El amor y el sexo son realidades entre personas que confían entre ellas mutuamente. Una agresión supone romper, quebrar esa confianza que se gana con muchos años.

Las legislaciones actuales endurecen los castigos a los hombres que agreden a las mujeres, ¿por qué no hacerlo con mujeres que agreden a sus parejas?

En la conciencia colectiva, la mujer es la débil de las relaciones. En una pareja de dos mujeres, alguna ejercerá el papel de dominante y otra el de sumisa. La agresión es la misma que en parejas heterosexuales y no se pueden tomar a la ligera sólo por ser una pareja de mujeres.
La agresión nunca está justificada sea del género que sea.
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